Viñeta cómica y educación ambiental

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A mi manera de verlo e interpretarlo, esta viñeta es un paradigma que refleja a las personas de hoy en día, ya que llevamos años sabiendo de sobra que, como sigamos a este ritmo, nos vamos a cargar el planeta, lo que supondrá nuestra propia extinción. En este caso estamos representados/as por los dinosaurios, cuya extinción fue a causa de un meteorito, que representa en este caso al calentamiento global. Ellos no tenían forma de saberlo, pero nosotros sí y hacemos caso omiso. Esa situación es comparada con la nuestra porque, la gran mayoría, en lugar de preocuparnos  y hacer algo para evitarlo, nos quejamos y seguimos produciendo más deshechos, contaminación, consumismo, derroches, etc. que propician y aceleran el calentamiento global y la destrucción del medio ambiente/planeta. O bien nos interesamos y tratamos de concienciarnos pero, realmente, somos demasiado cómodos/as y no hacemos ni la mitad de lo que deberíamos.

Con respecto al dinosaurio pequeño, no se si tendrá o no que ver, pero me gustaría compararlo con el apreciado interés que tiene tanta gente por el fútbol, el cual si prohibiesen causaría mucho más revuelo que el propio calentamiento global, el cual nos va a repercutir gravemente en nuestras vidas y sobretodo en las de las próximas generaciones. O también podría representar la inocencia, o más bien ignorancia/desconocimiento, de los/as niños/as y futuras generaciones que juegan y/o están tan tranquilos/as mientras el planeta se va muriendo, sin ser conscientes de lo que se le viene encima.

Comentario realizado por Ana Fernández Vázquez.

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En estas viñetas vemos como Mafalda le enseña a un oso de peluche la bola del mundo y le explica por qué ese mundo está bien, porque es una maqueta, ya que el de verdad es un desastre y según mi opinión por diversas cuestiones. Entre ellas está, el cambio climático, la contaminación ambiental de nuestra naturaleza, como por ejemplo tirar basura a los ríos, mares, a la montaña. La contaminación atmosférica de los automóviles, de las fábricas, el efecto invernadero, la reducción de la capa de ozono, la deforestación, las lluvias ácidas, y concretamente esto, conlleva a una serie de consecuencias que degradan el medio ambiente.

Además todo esto va sucediendo, porque la población en la que actualmente vivimos ha nacido y crecido en un mundo contaminado y se debería tomar conciencia de ello, porque cada vez que vamos avanzando en los años; nuestro planeta se está desintegrando y poco a poco sufre muchas consecuencias, de las cuáles se debería de llevar a cabo alguna medida que intentase solucionar esta problemática, porque lo hecho hasta ahora no ha ayudado nada. Y habría que concienciar a la población de que no debemos contaminar tanto porque esto, no solo afecta a todo lo que nos rodea, sino que también nos perjudica a nosotros mismos y a nuestro organismo.

Comentario realizado por Noelia Fidalgo Blanco.

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Y tan mala pata en mi opinión. Y es que los seres humanos parece que nos hemos decantado por el camino de la ambición, explotando y comerciando muchos de los recursos naturales de este planeta sin pensar que el mundo no es para siempre y que de seguir así, incluso duraremos bien poco.

Contaminamos el agua, el suelo, el aire, vivimos con un exceso importante de contaminación acústica, no nos importa estar en la era del consumismo y de paso participar en ella…

Creo que deberíamos de dejar de buscar formas de vida en otro planeta y preocuparnos en crear un hábito para preservar más éste, que ciertamente nos brinda lo que necesitamos.

Nosotras como educadoras sociales podemos ayudar a concienciar de la importancia que tiene cuidar la Tierra, de utilizar menos agua por ejemplo, ahorrar energía eléctrica, reciclar todo lo que se pueda o generar menos desperdicios entre otros. En definitiva, a dejar de seguir avanzando con pasos agigantados hacia nuestra propia destrucción, asumiendo algún compromiso para que la ecología tampoco se quede en meras palabras y se convierta en un desafío cuanto antes. Al fin y al cabo, tampoco debemos de olvidar que estamos rodeadas y rodeados de maravillas.

Comentario realizado por Mireya García Bartolomé.

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Como animales inteligentes, a menudo tendemos a considerarnos por encima de las otras especies, como si nosotras y nosotros fuésemos mejores en todos los aspectos existentes. El problema llega cuando decidimos no hacer uso de esa inteligencia que se nos ha dado y, en lugar de ello, decidimos comportanos como seres del todo irracionales.

Vivimos en la era del consumismo, en donde es más importante el “yo” que el “nosotros” y donde el cuidado del planeta pasa a un puesto secundario en nuestra escala de prioridades. Este descuido para con la Tierra es visible todos los días: abuso de los coches, el no reciclar en casa, tirar la basura al suelo… pero para centrarnos en la viñeta, podemos hablar de las playas.

Son lugares comunes, donde muchas personas confluyen, sobre todo en el tiempo estival. En Galicia pocas son las playas que permiten el paso de animales, especialmente el de perros. ¿No sería también apropiado el prohibir el paso de ciertos especímenes pertenecientes al tipo humano? Un par de horas en un playa sirven para comprobar con horror cómo nos importa lo más mínimo el planeta y menos aún estar rodeados de gente: padres y madres que tiran colillas en la arena delante de la vista de sus hijos, pañuelos tirados en el agua, latas de refresco en las entradas a los arenales, botes de champú y cremas tirados cerca de las duchas…

Es un ciclo continuo. Lo que hacen los progenitores será copiado por las generacioens futuras. Será un proceso continuo y que, si no se refrena a tiempo, nos llevará al caos. Porque esto no solamente tiene lugar en las playas, no: es algo generalizado. Los seres humanos somos como el caballo de Atila, allá por donde pasamos, no crece la hierba. Como futuras educadoras sociales, está en nuestras manos el paliar esta situación. Podemos emplear la educación para transmitir valores apropiados para cuidar y sanar nuestro planeta, pueden cambiarse las cosas. Pues aún estamos a tiempo.

Comentario realizado por Rebeca Jorge Rodríguez.

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